La dictadura niega su participación en la guerra de Ucrania mientras mantiene estrechos vínculos con Rusia

El régimen cubano emitió una declaración oficial a través del Ministerio de Relaciones Exteriores en la que “refuta categóricamente” las acusaciones del gobierno de Estados Unidos sobre una supuesta participación de Cuba en el conflicto militar entre Rusia y Ucrania.

Según el comunicado, “Cuba no forma parte del conflicto armado en Ucrania, ni tampoco participa con efectivos militares allí, ni en ningún otro país”. La nota califica las denuncias como “mendaces” y “difamatorias”, asegurando que los cubanos que combaten en el frente lo hacen “por su cuenta” y sin el consentimiento del Estado cubano.

El texto, difundido este sábado, menciona que entre 2023 y 2025 se celebraron nueve procesos judiciales por el delito de mercenarismo, con un total de 40 imputados y condenas de entre 5 y 14 años de prisión. Sin embargo, no aclara cómo estos cubanos fueron reclutados ni cómo salieron del país bajo un sistema migratorio que controla estrictamente todos los movimientos de sus ciudadanos.

Una maniobra política previsible

La declaración del MINREX busca anticiparse a eventuales sanciones o presiones diplomáticas derivadas de los vínculos de La Habana con Moscú. Desde el inicio de la invasión rusa en 2022, el régimen ha reforzado su cooperación militar, energética y estratégica con el Kremlin, llegando incluso a firmar nuevos acuerdos bilaterales durante la reciente visita de delegaciones rusas a la isla.

Estas relaciones, cada vez más visibles, han despertado preocupación internacional y han motivado que Estados Unidos renueve las alertas sobre el uso de ciudadanos cubanos como combatientes en Ucrania.

El recuerdo del escándalo de 2023

En septiembre de 2023, varios medios internacionales —incluido ClickCuba— reportaron el descubrimiento de una red de tráfico de cubanos reclutados para unirse a las fuerzas rusas en la guerra. En aquel entonces, el propio gobierno cubano reconoció que existía un entramado dentro del país que facilitaba el envío de jóvenes a Rusia bajo promesas de empleo y residencia.

Aunque La Habana aseguró haber “neutralizado” esa red y detenido a los implicados, los testimonios de familiares revelaron que los reclutamientos se realizaron con conocimiento o tolerancia de las autoridades, que nunca aclararon por qué los jóvenes podían viajar libremente a zonas de guerra con visados y pasaportes oficiales.

La narrativa de víctima

El nuevo comunicado repite el discurso habitual del régimen: culpar a Estados Unidos de toda acusación, negar los hechos y presentarse como víctima de “campañas difamatorias”.

No obstante, el tono y el momento de la publicación —coincidiendo con un incremento de las tensiones entre Washington y Moscú— indican que La Habana intenta deslindarse formalmente del conflicto sin romper su alianza política con Rusia.

En el plano interno, la nota también cumple un propósito propagandístico: reafirmar ante los cubanos que su gobierno “no se involucra en guerras ajenas” y que actúa conforme a la ley, mientras omite cualquier referencia a los acuerdos militares recientes con Moscú.

La declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores no responde tanto a las “acusaciones de Washington” como a una necesidad de limpiar la imagen internacional del régimen sin afectar su dependencia política y económica del Kremlin.

En la práctica, el régimen busca mostrarse neutral ante el mundo, pero su silencio ante la agresión rusa y su cooperación constante con Moscú la ubican en el lado equivocado de la historia.

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