El régimen cubano destierra a la ex presa política Aymara Nieto y separa a su familia

La dictadura cubana ejecutó este 12 de agosto un nuevo destierro forzado contra una opositora. La Dama de Blanco Aymara Nieto Muñoz, quien pasó más de ocho años en prisión por motivos políticos, fue trasladada de manera abrupta desde la prisión de trabajos forzados Bella Delicia hasta el Aeropuerto Internacional José Martí. Sin previo aviso, y con sus comunicaciones intervenidas, fue expulsada del país junto a su esposo, el también ex preso político Ismael Boris Reñí, y sus dos hijas menores. Su hija mayor quedó en Cuba y no pudo despedirse.

Un operativo para silenciar

El traslado fue ejecutado con la precisión de una operación de castigo. Según denuncias de organizaciones de derechos humanos, a Aymara se le impidió cualquier contacto con familiares o amigos antes de ser conducida al avión con destino a Santo Domingo, República Dominicana. La medida no solo truncó su libertad de movimiento en la isla, sino que también fragmentó a su familia de manera irreversible.

En territorio dominicano, la familia fue acogida por ciudadanos solidarios, pero las secuelas emocionales de la separación y los años de represión no se borran con un simple cambio de país.

Años de prisión y hostigamiento

Aymara Nieto fue arrestada en 2018 y condenada inicialmente a cuatro años de prisión por supuestos delitos de “atentado” y “daños a la propiedad”. Posteriormente, un segundo proceso judicial la condenó a cinco años y cuatro meses adicionales por presuntamente liderar un motín en la prisión de El Guatao.

Durante su encarcelamiento, fue sometida a traslados a cárceles distantes —como la prisión de Las Tunas, a más de 600 kilómetros de su hogar—, aislamiento prolongado y negación de atención médica. En todo momento mantuvo su militancia política como miembro de las Damas de Blanco, lo que la convirtió en blanco constante de la Seguridad del Estado.

El destierro como política de Estado

La expulsión de Aymara Nieto se suma a una lista creciente de destierros forzados que incluyen a activistas, periodistas y defensores de derechos humanos. Organizaciones como Cubalex, el Observatorio Cubano de Derechos Humanos y Prisoners Defenders han documentado este patrón como parte de una estrategia oficial para vaciar la isla de voces críticas y desarticular la oposición interna.

Este mecanismo, además de violar tratados internacionales de derechos humanos, busca quebrar el tejido familiar y social de los opositores, convirtiendo el exilio en una condena perpetua.

Una voz que no se apaga

Desde República Dominicana, Aymara ha manifestado su compromiso de seguir denunciando la represión y apoyando a los presos políticos que aún permanecen en las cárceles cubanas. “Salimos de Cuba, pero Cuba sigue dentro de nosotros. La lucha continúa”, expresó en un mensaje breve pero contundente.

El caso de Aymara Nieto no es un hecho aislado: es el retrato de un sistema que prefiere desterrar a quienes lo enfrentan antes que permitirles vivir libres en su propia tierra. Un sistema que, incapaz de tolerar la disidencia, la expulsa, pero no logra silenciarla.

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