Ex preso político Ángel Moya celebra detención en EE. UU. del represor cubano “Veguita”

El ex preso político Ángel Moya, uno de los disidentes más reconocidos de Cuba, reaccionó con contundencia a la reciente detención en Estados Unidos de Jorge Luis Vega García, alias “Veguita”, ex capitán y segundo jefe de las prisiones de Aguica y Canaleta, en Matanzas, acusado por ex reclusos de graves violaciones de derechos humanos.

En una publicación en redes sociales, Moya recordó que durante su encarcelamiento en 1999, “Veguita” ocupaba el cargo de jefe de Control Penal en Aguica y era conocido por ordenar y participar directamente en golpizas contra presos que protestaban por la falta de atención médica, el robo de alimentos o la violación de sus derechos. Según su testimonio, las víctimas eran esposadas con grilletes conocidos en Cuba como “Shakiras” y golpeadas con bastones o bates de béisbol, llegando en algunos casos hasta la muerte.

Moya relató que, tras las palizas, el oficial ordenaba lanzar cubos o chorros de agua sobre los prisioneros para verificar si aún estaban vivos. “Ese mismo terror que sentían los presos cuando él subía a los recuentos o inspecciones es el que ahora sienten muchos represores escondidos en Miami, por miedo a ser reconocidos por sus víctimas”, escribió.

El ex preso político considera que la detención de “Veguita” por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y su posible deportación a Cuba envían un mensaje claro a quienes participaron en la represión carcelaria: “La justicia tarda, pero llega”.

Moya subrayó que no es el único ex funcionario del sistema penitenciario cubano que reside en el sur de la Florida, y advirtió que aún quedan muchos “ocultos como ratas” que podrían enfrentar un destino similar. “Veguita”, apuntó, ya no puede disfrutar del poder y la impunidad de las prisiones cubanas, ni cuenta con instituciones que encubran sus crímenes.

La detención de Jorge Luis Vega García ha reabierto el debate sobre la presencia en Estados Unidos de represores cubanos que, según las denuncias de víctimas y organizaciones de derechos humanos, cometieron graves abusos en prisión y luego emigraron para escapar de la justicia.

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