La Bolita en Cuba: juego de azar, economía popular y cultura viva

En Cuba, donde el salario promedio apenas cubre una fracción de las necesidades básicas, millones de personas han encontrado en la Bolita no solo una vía para soñar con una mejor suerte, sino también una fuente de trabajo legítima. Este juego de azar, profundamente arraigado en la cultura popular, sigue vivo a pesar de la prohibición oficial, sostenido por la confianza comunitaria, la tradición oral y la necesidad de subsistir en un país donde cada día cuesta más vivir.

Aunque el régimen lo considera ilegal, para los cubanos de a pie la Bolita no es un crimen: es una tradición. No se trata de apuestas en el sentido peyorativo, sino de una forma legítima y autogestionada de participar en un juego de azar, como ocurre legalmente en muchos países.

La Bolita consiste en seleccionar uno o varios números del 1 al 100, basados en la Charada cubana, una tabla simbólica que asocia cada número con un objeto o situación (por ejemplo, el 1 es el caballo, el 8 la muerte, el 36 el negro, el 48 cucaracha). Los jugadores hacen sus apuestas guiados por intuiciones, sueños o supersticiones, con la esperanza de acertar el número ganador del día.

Ese número no se sortea en Cuba, sino que se toma de los resultados oficiales de la Florida Lottery en Estados Unidos, particularmente de los juegos Cash-3 y Play-4. El acceso a esos resultados se hace mediante aplicaciones móviles, redes sociales, llamadas telefónicas desde el exterior o el conocido paquete semanal.

Tarifas claras y pagos justos

La Bolita no se juega a ciegas: tiene una estructura de pagos conocida por todos los jugadores. Estas son las tarifas habituales en la mayoría de las provincias del país:

Fijo (número exacto): 75 CUP por cada 1 CUP apostado. Corrido (últimas dos cifras): 25 CUP por cada 1 CUP apostado. Centena (tres cifras exactas): 300 CUP por cada 1 CUP apostado. Parlet (dos números exactos): 1,000 CUP por cada 1 CUP apostado.

Una red de trabajo comunitario

Lo que muchas veces se ignora es que la Bolita no solo es un juego, sino también una fuente de empleo para miles de cubanos. A falta de un mercado laboral libre y oportunidades de emprendimiento regulado, este sistema se ha convertido en una red organizada de trabajo informal, que opera con eficiencia y reglas no escritas.

El banquero: organiza el juego y garantiza los pagos. El listero o apuntador: recoge las jugadas en su comunidad y cobra una comisión. El mensajero: transporta las listas y el dinero entre apuntadores y banqueros.

Esta estructura genera un circuito de ingresos descentralizado y legítimo, donde cada persona involucrada obtiene beneficios según su rol.

Cultura viva y folclore cotidiano

Además del aspecto económico, la Bolita es un fenómeno cultural. La interpretación de sueños, señales o sucesos cotidianos para elegir números forma parte del folclore nacional. Frases como “soñé con agua, voy a jugar el 18” o “me encontré con un perro, voy con el 27” son comunes.

En ese contexto, jugar a la Bolita no es un acto delictivo, sino una manera de participar activamente en una tradición que mezcla espiritualidad, azar e ingenio popular.

¿Cómo se interpreta el resultado?

Supongamos que el sorteo del día arroja los números:

📍 Cash-3: 837

📍 Play-4: 7502

A partir de estos datos se pueden ganar premios de la siguiente forma:

Fijo: El último número del Cash-3 (37). Si jugaste al 37 como fijo, cobras 75 CUP por cada 1 CUP apostado. Corrido: Se toman los dos últimos dígitos de los resultados (por ejemplo, 75 y 02 del Play-4). Cada uno paga 24 CUP por cada CUP. Centena: El número completo del Cash-3 (837) es la centena. Si lo jugaste, recibes 300 CUP por cada peso. Parlet: Si jugaste dos números (como 37 y 75, 75 y 02 o 37 y 02) y ambos salieron, cobras 1,000 CUP por cada peso apostado.

El juego tiene reglas claras y un lenguaje propio que todos los jugadores manejan con soltura. No se trata de azar sin sentido, sino de una dinámica estructurada, culturalmente reconocida y profundamente arraigada.

¿Por qué se prohíbe?

La ley del régimen cubano prohíbe los juegos de azar no estatales, pero esta prohibición no responde a una lógica social o moral, sino al afán del régimen por controlar todas las fuentes de ingreso que escapen a sus estructuras. En la práctica, la Bolita opera con tolerancia tácita, porque todos saben que detrás hay familias enteras que sobreviven gracias a este sistema informal.

La Bolita es más que un juego: es resistencia económica, es sabiduría popular, es una forma de participación ciudadana al margen de un sistema que lo prohíbe todo menos la sumisión. En un país donde casi todo está prohibido excepto obedecer, jugar a la Bolita es también una forma de ejercer la libertad cotidiana.

Algo que cambiará cuando Cuba sea libre y puedan legalizar La Bolita Cubana.

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