Los nietos de Raúl Castro en EE. UU.: visas diplomáticas, privilegios y silencio oficial

Mientras miles de cubanos enfrentan trabas migratorias y persecución por intentar salir de la isla, los nietos de Raúl Castro han paseado por Estados Unidos con pasaportes diplomáticos, estancias prolongadas y gastos pagados. Un reportaje reciente de Martí Noticias, basado en documentos filtrados del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba (MINREX), revela que entre 2012 y 2016 al menos cuatro nietos del exmandatario viajaron a territorio estadounidense con visas oficiales, beneficiándose del “deshielo” entre Washington y La Habana y de los privilegios que su apellido les otorga.

Las revelaciones confirman lo que muchos cubanos sospechan desde hace años: que la familia Castro predica el antiimperialismo de puertas para afuera, mientras goza de los beneficios del país que presenta como enemigo. Los viajes de Raúl Guillermo Rodríguez Castro (alias “El Cangrejo”), Vilma Rodríguez Castro y los hijos de Mariela Castro (Lisa y Paolo Titolo Castro) muestran cómo la cúpula del poder ha utilizado canales diplomáticos para asegurar a sus herederos estancias en Estados Unidos, con fines que van desde supuestos compromisos oficiales hasta el turismo y las compras personales.

El nieto guardaespaldas que pasea por Nueva York

Raúl Guillermo Rodríguez Castro, conocido como “El Cangrejo”, es nieto de Raúl Castro y ha sido su jefe de escolta personal. Entre 2012 y 2016 viajó en al menos tres ocasiones a Estados Unidos con visa diplomática. En julio de 2015, por ejemplo, el régimen gestionó una visa para que participara en “reuniones del sistema de Naciones Unidas” en Nueva York. En realidad, acompañó a su abuelo en una visita a la Asamblea General de la ONU y se quedó en el país por casi tres semanas, un tiempo muy superior al necesario para los actos oficiales.

Durante esas estancias, “El Cangrejo” no solo cumplió funciones de seguridad, sino que presuntamente aprovechó para realizar actividades personales, algo que el régimen nunca explicó. Tampoco el Gobierno de Estados Unidos dio detalles sobre la autorización de esas visas, más allá de confirmar que fueron tramitadas bajo los mecanismos de cortesía diplomática durante la etapa del deshielo con la Administración Obama.

Vilma y el arte… diplomático

Vilma Rodríguez Castro, hija de Déborah Castro Espín y del general fallecido Luis Alberto Rodríguez López-Calleja, viajó al menos cinco veces a Estados Unidos con pasaporte diplomático. Sus visitas, según la documentación filtrada, fueron justificadas como intercambios culturales, invitaciones a eventos artísticos y ferias en Nueva York. En más de una ocasión fue acompañada por su hijo menor, que también usó pasaporte diplomático para entrar a EE. UU.

ONGs estadounidenses como Cuban Artists Fund y Shelley & Donald Rubin Foundation enviaron cartas de invitación para justificar los viajes, asegurando que no se usaban fondos públicos y que cubrían los gastos de Vilma. Sin embargo, estas gestiones coinciden con el patrón general: estancias largas, sin explicación pública, con acceso a bienes y experiencias vetadas para cualquier ciudadano cubano común.

Mariela, sus hijos y la doble moral del régimen

Mariela Castro Espín, directora del CENESEX y defensora de los derechos LGBT dentro del marco del castrismo, ha sido una de las caras visibles del oficialismo en el extranjero. En 2012 obtuvo una visa diplomática para asistir a un evento en San Francisco, lo que generó indignación en el Congreso estadounidense. La protesta fue tal que se le limitó el movimiento a un radio de 25 millas alrededor de Nueva York.

En 2015, Mariela viajó nuevamente a EE. UU. para participar en una sesión de la ONU sobre población y desarrollo. Lo hizo acompañada de su esposo, Paolo Titolo, y de sus hijos Lisa y Paolo, quienes también obtuvieron visas diplomáticas. Los documentos del MINREX muestran que se solicitó el estatus especial para toda la familia, bajo el argumento de que asistían a una actividad multilateral. Pero la duración de su estancia, que superó los 20 días, sugiere que también hubo espacio para el turismo y las compras.

Años después, Lisa Titolo Castro fundó en La Habana una empresa privada y, según otra investigación periodística, importó desde Estados Unidos productos como cemento para remodelar sus negocios. La operación se realizó mediante intermediarios estatales, demostrando cómo los Castro no tienen reparos en hacer negocios con el “enemigo imperialista”, siempre que sea en su beneficio.

¿Quién puede y quién no?

La mayoría de los cubanos necesitan sortear enormes obstáculos para obtener una visa estadounidense. Muchos son rechazados sin explicación. Otros ni siquiera pueden intentarlo, por falta de recursos o por estar regulados por la Seguridad del Estado. Mientras tanto, los descendientes de la élite comunista —la misma que ha convertido al pueblo en rehén del discurso antiimperialista— entran y salen de Estados Unidos con privilegios especiales.

El uso de visas diplomáticas para fines personales ha sido condenado por congresistas cubanoamericanos, que han exigido explicaciones y sanciones. “Es una ofensa al pueblo cubano que los herederos del castrismo paseen libremente por Nueva York mientras su gente no puede ni salir del país”, afirmó el congresista Mario Díaz-Balart cuando salieron a la luz los primeros documentos.

El silencio como estrategia

Ni el régimen cubano ni las autoridades estadounidenses han explicado con claridad cómo se concedieron estas visas, ni han desmentido la autenticidad de los documentos filtrados. El Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba no ha hecho declaraciones. En la prensa oficial, el tema no existe.

Lo que sí existe es la evidencia de una doble moral que corroe las bases del discurso revolucionario. Mientras en la isla se pide sacrificio, se habla de bloqueo y se justifica la represión en nombre de la soberanía, los nietos de la cúpula pasean por Manhattan, compran cemento en Miami y cultivan negocios desde una posición que ningún cubano de a pie podrá alcanzar jamás.

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