Fallece Siro del Castillo, ex preso político y obrero del exilio que dedicó su vida a la libertad de Cuba

La causa de la libertad pierde hoy a uno de sus soldados más firmes. Murió en Miami Siro del Castillo, ex preso político cubano, sindicalista y hombre íntegro que convirtió su vida en un compromiso inquebrantable con la democracia, los derechos humanos y el destino de una Cuba libre.

A los 82 años, el cuerpo de Siro dejó de luchar, pero su nombre queda escrito en la memoria de una nación rota que él intentó reconstruir, no desde el poder, sino desde la resistencia, la solidaridad y la coherencia.

El crimen de tener principios

Siro fue arrestado por primera vez siendo apenas un adolescente. A los 17 años ya era considerado una amenaza por el régimen de los hermanos Castro, que lo condenó a prisión por oponerse al sistema totalitario que se imponía con violencia sobre la sociedad cubana. Aquella primera celda no sería la última. A lo largo de los años, padeció múltiples formas de represión: prisión, trabajo forzado, vigilancia, exilio.

No fue dirigente, ni comandante, ni caudillo. Fue un hombre del pueblo, trabajador, diseñador, obrero del pensamiento libre. Y por eso mismo, fue peligroso para un régimen que teme más al ejemplo moral que al discurso vacío.

Del presidio al exilio activo

Siro se exilió en Estados Unidos en 1972, no para olvidar, sino para seguir luchando. En tierra de libertad, se convirtió en un referente del sindicalismo cubano en el exilio, y trabajó incansablemente por los derechos de los trabajadores tanto en Cuba como en América Latina. Desde la organización Solidaridad de Trabajadores Cubanos denunció los abusos del régimen y participó activamente en foros internacionales, incluido el Consejo de Derechos Humanos de la ONU.

Durante las crisis migratorias que marcaron la historia reciente de Cuba —el Mariel, los balseros, el campo de Krome— Siro estuvo allí, tendiendo la mano al recién llegado, asesorando, organizando, escuchando. Porque para él, cada cubano que escapaba del comunismo era también parte de la reconstrucción pendiente.

Un artista que soñó con otra Cuba

Pocos saben que también fue artista plástico. Su obra reflejaba una “Cuba soñada”, una patria libre, sin censura ni dictadura, hecha de colores y dignidad. Como si sus cuadros fueran mapas de un país que aún no existe, pero que él se negó a dejar de imaginar.

No buscó reconocimientos, aunque los merecía todos. No se convirtió en símbolo mediático, pero fue faro para quienes lo conocieron. En los últimos años, pese a su enfermedad, siguió participando en espacios de denuncia y formación, apoyando nuevas generaciones de activistas, siempre con humildad, siempre con coraje.

Un legado de coherencia

Siro del Castillo muere en libertad, pero con la herida abierta de una patria secuestrada. Su ejemplo interpela a quienes aún dudan, callan o colaboran. Porque él, sin armas ni discursos vacíos, enfrentó al castrismo desde la verdad, la decencia y el sacrificio.

Hoy, mientras el régimen cubano celebra su propaganda de violencia glorificada, como el fallido asalto al Cuartel Moncada, la muerte de Siro nos recuerda qué significa verdaderamente luchar por la libertad: no imponerla, sino construirla con coherencia, a pesar del costo personal.

Siro no necesitó de tribunas para decir lo esencial. Su vida fue su mejor argumento. Por eso, aunque ha muerto, no se ha ido.

ClickCuba rinde homenaje a Siro del Castillo, patriota y hombre justo.

“Mientras haya un solo cubano que diga la verdad, Cuba no estará del todo en silencio.”

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