La Asamblea Nacional cubana elimina límite de edad presidencial y desata ola de críticas ciudadanas

La Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba aprobó este jueves una reforma al artículo 127 de la Constitución que elimina el límite de edad de 60 años para ser designado presidente en un primer mandato. El anuncio, hecho por Cubavisión Internacional en sus redes sociales, provocó una avalancha de críticas, ironías y sospechas por parte de los ciudadanos que rápidamente reaccionaron a la publicación oficial.

Según el comunicado, la medida responde a “factores demográficos” como el envejecimiento poblacional del país y permite que personas con más de 60 años puedan acceder a la presidencia si tienen “resultados en su labor, fidelidad y alto compromiso con la Patria”. El proyecto, impulsado por el Consejo de Estado, fue aprobado por votación nominal y con el quórum requerido, según la publicación oficialista.

Sin embargo, los cubanos no tardaron en señalar lo que consideran una maniobra política con nombre y apellido. Los comentarios en redes reflejan descontento generalizado, sarcasmo y desconfianza. “Ya tienen pensado quién será el próximo presidente y seguro va a tener mucho más de 60 años”, escribió Maritza Olivera, mientras que otro usuario advirtió: “Ahora todo parece indicar que el próximo presidente tiene más de 60, no hay otro, entonces cambiemos la Constitución”.

Las críticas apuntan al hecho de que se haya reformado una norma constitucional sin consulta popular, algo que muchos consideran una burla al pueblo cubano. “¿Y aquí se cambia la Constitución así sin consultar al pueblo ni nada?”, preguntó un usuario indignado. Otro joven expresó: “¿Eso no debería ser aprobado por la población en una votación? No entiendo nada, en serio”.

Las sospechas se extienden también hacia posibles candidatos preseleccionados por la élite del poder. Un comentario con tono irónico afirma que el presidente en 2028 “casualmente será Morales Ojeda”, quien cumpliría 60 años en abril de ese mismo año. Otros mencionan nombres como Alejandro Castro Espín, sugiriendo un nuevo capítulo del continuismo familiar en el poder.

Más allá de la edad, lo que indigna a muchos cubanos es la facilidad con la que se modifica la Carta Magna según las conveniencias del régimen. “Después que se aprueba, no tiene cambio. Pero ellos la modifican para no irse y estar en los cargos hasta que se mueran”, denunció un usuario en un comentario que recibió numerosos apoyos.

La reforma, lejos de generar confianza, ha puesto en evidencia una vez más el divorcio entre el aparato de poder y el sentir popular. En un país donde los jóvenes huyen y el futuro se percibe cada vez más incierto, las reformas constitucionales no parecen estar al servicio del pueblo, sino del enquistamiento de una clase dirigente envejecida y autoritaria.

Como concluyó uno de los comentaristas con mordaz claridad: “Los jóvenes escapan, esto es un país de viejos y para viejos, es lo más lógico”.

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