Censuran a antropóloga en evento académico en Cuba

La censura en el ámbito académico cubano vuelve a evidenciarse con fuerza. El Observatorio de Libertad Académica (OLA) denunció recientemente la exclusión arbitraria de la destacada antropóloga Jenny Pantoja Torres del XI Encuentro Internacional de Estudios Sociorreligiosos, que se celebra en la Universidad de La Habana hasta el 18 de julio.

El pasado miércoles 2 de julio, el jefe del Departamento de Estudios Sociorreligiosos del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS), adscrito al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, se presentó personalmente en la vivienda de la investigadora para comunicarle que no podía participar en el evento. Su ponencia ya había sido aprobada, pero nunca recibió una explicación formal. “En realidad, no me dieron razones, aunque todos sabemos las que son”, afirmó Pantoja en declaraciones difundidas por OLA.

Especialista en religiosidad popular afrocubana, Pantoja ha sido una voz crítica respecto al control estatal sobre las ciencias sociales en Cuba. Asegura que toda investigación puede ser considerada política, y que esa es precisamente la trampa que utiliza el régimen para imponer el silencio: “Uno cae en ese juego al pensar ‘mi trabajo no tiene nada’, no tengo por qué excusarme”.

En sus palabras se evidencia la frustración con un sistema donde el pensamiento científico está subordinado a los intereses del Estado. “Así funcionan las ciencias sociales en Cuba, están sumamente maniatadas, dirigidas, de antemano se espera un resultado políticamente cómodo para la hegemonía, nunca cuestionador ni crítico”, denunció.

Pantoja describe al CIPS como un órgano garante del discurso oficial: “Es un lugar de garantía para el Estado, donde se construyen determinadas argumentaciones de las políticas estatales. Hay que ser confiable. Si hay crítica, es controlada para sostener el discurso de la libertad intelectual”.

La antropóloga también abordó la contradicción entre la narrativa revolucionaria y la represión cultural, especialmente con relación a las religiones de origen africano: “Se suponía que el ‘hombre nuevo’ no tenía que ver con lo religioso, y por tanto, los practicantes tuvieron que pasar al clandestinaje”.

En sus reflexiones, Pantoja confiesa la tensión entre seguir participando en espacios académicos controlados y la necesidad de mantener el vínculo con otros investigadores: “Quizás todavía no había roto con esa necesidad de participar, de intercambiar, que es lo que son los eventos… lo veía como no verme aislada”.

Además, expresó su pesar por no poder ejercer la docencia: “Me apasiona dar clases, disfruto influir positivamente sin menoscabo del ejercicio individual de la libertad”.

Sobre la manipulación institucional, fue tajante: “He leído informes de resultados que son mentira de punta a cabo… nos educan para normalizar esa estafa intelectual como parte de la sobrevivencia”.

Pese a los obstáculos, su compromiso con la investigación crítica se mantiene firme. “Insisto e insistiré, aunque tenga más dificultades, en continuar mis investigaciones. Ahora hay urgencias dada la situación del país”.

El caso de Jenny Pantoja no es aislado. Es otro ejemplo del cerco a la libertad académica en Cuba, donde el conocimiento se permite solo si no desafía los límites impuestos por el poder. La censura intelectual, silenciosa pero constante, sigue cobrando víctimas entre los profesionales que se niegan a convertir el pensamiento en propaganda.

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