
Alejandro Cuervo: el silencio del confort frente a la libertad de Cuba
La reciente polémica que rodea al actor cubano Alejandro Cuervo, tras su visita a Miami, no gira tanto en torno a lo que dijo, sino a lo que decidió no decir. En un país donde cada palabra crítica puede costar la carrera, la libertad o incluso la vida, el silencio se vuelve una postura política. Y Cuervo ha optado por el silencio.
En entrevista con Univisión 23, el actor aseguró que “sabe perfectamente lo que puede y no puede decir” porque conoce “cómo funciona su país”. Lo dice sin pudor, dejando claro que vive calculando cada declaración para no incomodar al régimen que controla, reprime y decide el destino de millones de cubanos. Pero al llegar a Estados Unidos, donde se supone que la libertad de expresión es plena, tampoco habló. No aprovechó el espacio libre para alzar la voz por sus compatriotas presos, exiliados o reprimidos. Prefirió justificarse.
No es la primera figura pública cubana que escoge callar. Pero el caso de Cuervo resalta porque mientras muchos arriesgan todo por la libertad de Cuba, él invierte en negocios prósperos dentro del sistema que ahoga al país. Junto a su esposa ha abierto tiendas en La Habana, como la juguetería Bastón en Miramar, y gestiona otros emprendimientos que solo son posibles con el beneplácito del poder. Su éxito económico está íntimamente ligado a su neutralidad política. Hablar claro pondría en riesgo ese privilegio.
Quienes viven del sistema difícilmente lo desafían. Por eso no sorprende que Cuervo evite pronunciarse sobre los presos políticos, los apagones interminables, la falta de alimentos, o la represión. Para él, Cuba “funciona”, y lo hace lo suficiente como para seguir allí viviendo, invirtiendo y guardando silencio.
El problema no es que Cuervo no sea un activista. No todos tienen que serlo. El problema es que disfrute del confort que ofrece la dictadura a los que no cuestionan, mientras millones de cubanos sobreviven en la miseria y la represión. Esa comodidad que lo mantiene alejado de la cárcel es la misma que le impide mirar a los ojos a los que no tienen ni voz ni justicia.
Como cubana que el silencio ante la opresión es parte del problema. Alejandro Cuervo podrá seguir diciendo que no habla por prudencia, pero en un país donde el miedo manda, su silencio pesa como complicidad.







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