Profesor de la Universidad de La Habana defiende el paro estudiantil como acto legítimo y racional

Un análisis publicado en la plataforma CubaxCuba expone la posición crítica de un docente que respalda la huelga universitaria como una acción pedagógica, democrática y moralmente válida.

Un profesor de la Facultad de Filosofía, Historia y Sociología de la Universidad de La Habana ha publicado un profundo análisis en respaldo a la huelga estudiantil que sacude actualmente los espacios universitarios en Cuba. Bajo anonimato por razones de seguridad, el docente ha compartido su postura en la plataforma CubaxCuba Laboratorio de Pensamiento Cívico, argumentando que el paro no solo es legítimo, sino la acción más coherente y racional ante el contexto actual.

La huelga, impulsada por el alza de tarifas impuestas por ETECSA, ha sido respaldada por decenas de brigadas estudiantiles en toda la Isla, dando paso a una oleada de movilización inédita en el sistema universitario cubano de las últimas décadas. Frente a los intentos del régimen por deslegitimar la protesta o desmovilizar a los estudiantes con promesas ambiguas, este análisis académico representa un respaldo inusual desde dentro del propio cuerpo docente universitario.

Una postura de principios

El texto plantea tres objetivos esenciales: defender la racionalidad y eficacia de la huelga, desmontar los argumentos de quienes la califican de irracional y evidenciar la incoherencia de aquellos docentes que afirman apoyar a los estudiantes, pero rechazan su acción más decidida: el paro.

Según el autor, “la pregunta no es por qué apoyar la huelga, sino por qué, conociendo los hechos, alguien no habría de apoyarla”. El análisis desmenuza las objeciones recibidas, acusaciones de caos o irracionalidad, y recuerda que la protesta es una expresión natural y necesaria en cualquier sociedad democrática.

La huelga no interrumpe el aprendizaje

Una parte clave del argumento reside en cómo los estudiantes han redefinido el concepto de huelga. Lejos de una suspensión total de actividades, el paro implica dejar de asistir a clases para enfocarse en proyectos investigativos guiados por docentes, manteniéndose en el campus. Para el profesor, esto convierte la huelga en un ejercicio formativo con valor pedagógico, y no en una interrupción del proceso educativo.

“Desde el punto de vista formativo, este momento es una oportunidad inmejorable para que los estudiantes analicen y respondan a la realidad social. Es una forma de aprendizaje activo y comprometido”, señala, citando a John Dewey: “La educación es la vida misma”.

Democracia, coherencia y moral

El documento también destaca que la decisión del paro fue tomada democráticamente por la mayoría de las brigadas estudiantiles, lo que otorga legitimidad colectiva al acto. En ese sentido, rechazar la huelga es, según el autor, negar los derechos fundamentales de los estudiantes y socavar la unidad gestada entre ellos.

Asimismo, el profesor responde a quienes apelan a la “tradición” para deslegitimar la protesta, recordando que figuras como Félix Varela, José de la Luz y Caballero y José Antonio Saco desafiaron el orden establecido en su tiempo. “Nuestra tradición pedagógica no es la sumisión, sino la resistencia ética y la defensa de la justicia”, afirma.

Desde una perspectiva ética, destaca la dimensión humana del sacrificio estudiantil. “En un país marcado por la precariedad, los jóvenes han decidido postergar sus intereses individuales por el bien común. Este acto tiene una belleza moral indiscutible”.

Una crítica a los docentes ambiguos

Uno de los apartados más contundentes del texto denuncia la “inconsistencia lógica” de aquellos profesores que dicen apoyar a los estudiantes, pero se niegan a respaldar su acción concreta. El autor considera que tal postura es una forma de “apoyo vacío”, que evade el compromiso real con las decisiones democráticamente asumidas por el estudiantado.

En sus palabras: “Apoyar a los estudiantes sin apoyar la huelga es negar la legitimidad de sus acciones, y por tanto, es no apoyarlos realmente”.

Llamado a la responsabilidad

El texto cierra con una exhortación al profesorado de toda Cuba a respetar la autonomía estudiantil y abstenerse de ejercer coerción mediante amenazas de suspenso. Califica como “indigna” toda medida punitiva contra quienes se sumen a la protesta y recuerda que el rol de la universidad debe ser formar ciudadanos pensantes, no disciplinar súbditos obedientes.

Con esta publicación, se evidencia que no todos dentro de la academia están dispuestos a guardar silencio ante las injusticias que afectan al estudiantado cubano. El análisis se convierte, así, en una pieza clave del debate público dentro de las universidades, donde los profesores también son convocados a definirse.

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