
La mujer que increpó a Mike Hammer es funcionaria estatal: se confirma el montaje de la Seguridad del Estado
Una reciente publicación en Facebook del activista Arturo De Armas Lago ha permitido identificar a la mujer que increpó al Encargado de Negocios de la Embajada de Estados Unidos en Cuba, Mike Hammer, durante su trayecto en la popular “lanchita de Regla”. Se trata de una funcionaria del régimen, Lizet Castro Toledo, quien ocupa un cargo de dirección adjunta en la empresa estatal Cítricos Caribe S.A.
Desde un principio, el episodio había levantado sospechas por su carácter aparentemente espontáneo pero cuidadosamente registrado. El video fue compartido con rapidez por páginas asociadas al oficialismo, que lo difundieron con una narrativa hostil hacia el diplomático estadounidense. Las cámaras estuvieron listas en el momento exacto, lo que deja claro que no se trató de una coincidencia ni de un acto genuino, sino de una operación coordinada.
La identificación de la mujer confirma lo que muchos ya señalaban: fue un montaje de la Seguridad del Estado, parte de su estrategia para fabricar aparentes muestras de rechazo popular hacia los representantes de gobiernos democráticos que se acercan a la ciudadanía cubana. En este caso, no solo se trata de un ataque contra Mike Hammer, sino también de un intento de socavar la imagen de su interlocución con el pueblo.
Durante el video, que fue compartido por perfiles progubernamentales, no se escucha con claridad lo que dice la mujer, pero se observa cómo Hammer responde con calma. A su alrededor, los pasajeros permanecen en silencio, visiblemente incómodos o sorprendidos, lo que refuerza aún más la idea de que fue una intervención cuidadosamente preparada.
Este tipo de maniobras no son nuevas. El régimen ha utilizado a funcionarios, actores, y supuestos ciudadanos en el pasado para montar escenas de confrontación ante diplomáticos, opositores o periodistas, con el objetivo de manipular la percepción pública y alimentar su maquinaria propagandística.
ClickCuba ya había alertado que este incidente no fue casual. Ahora, con la confirmación de la identidad de la mujer y su vínculo con una empresa estatal, queda completamente al descubierto que fue una operación dirigida por la Seguridad del Estado. Mientras la dictadura intenta mostrar fuerza y respaldo popular, no puede ocultar que cada vez necesita más teatro y menos verdad para sostener su discurso.







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