
El régimen cubano impone a los padres inculcar el “amor a la patria” como deber legal: ¿pero de qué patria habla?
Una nueva disposición legal del régimen cubano establece que los padres podrán ser sancionados penalmente si no inculcan a sus hijos el “respeto y amor a la patria”. La medida, contenida en una interpretación de la Ley 160 de 2022, criminaliza no solo el incumplimiento de la escolarización o del llamado “trabajo educativo”, sino también la falta de adoctrinamiento ideológico en el hogar.
El texto hace alusión al incumplimiento de deberes “relacionados con el respeto y amor a la Patria”, dentro del Sistema Nacional de Educación, lo que en el contexto cubano se traduce en promover la lealtad al Partido Comunista y la aceptación del discurso oficial. Así, el Estado no solo controla las aulas, sino que se arroga el poder de juzgar lo que se enseña en casa.
¿Qué es realmente la patria?
La patria no es un partido, ni una ideología. No se limita a consignas ni a discursos vacíos repetidos en las escuelas. La patria es el lugar que nos pertenece a todos por igual, donde deben florecer la libertad, el respeto y la dignidad humana. Enseñar a un niño a amar a su patria no puede ni debe confundirse con enseñarlo a obedecer ciegamente a quienes gobiernan.
Los padres cubanos tienen hoy más que nunca el deber moral de explicar a sus hijos qué es verdaderamente la patria: es defender la libertad de pensar y expresarse, es cuidar al prójimo, es decir la verdad aunque incomode, es querer un país donde se viva sin miedo.
El deber de los padres ante esta amenaza
Los padres no deben educar con temor ni en silencio. Deben ser firmes y coherentes con los valores que creen. Deben enseñar a sus hijos que patria es quien la trabaja, quien la defiende de la injusticia, quien la sueña libre y justa. No pueden permitir que el régimen se apropie de ese concepto para oprimir, castigar o dividir.
Educar en libertad es un acto de resistencia. Y resistir no es delito, es un derecho.
Cuba necesita padres valientes que enseñen que patria somos todos, no un puñado de dirigentes. Que el respeto se gana, no se impone. Y que el amor verdadero por la patria no nace del miedo, sino de la esperanza.







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