“He estado pensando…”: el llamado al despertar de un pueblo herido

Camagüey. Una iglesia. Una mujer rota por dentro entra, se sienta en el último banco y rompe en llanto. Han pasado cuarenta años desde la última vez que pisó ese templo. El sacerdote, conmovido, se le acerca. Ella confiesa su anhelo de regresar, pero teme no ser perdonada. La respuesta del cura no necesita explicación teológica: le señala el crucifijo y dice: “Señora, ¿cómo tiene los brazos el Cristo? Lleva cuarenta años esperándola para darle un abrazo”.

Esta historia, compartida por el sacerdote cubano Alberto Reyes Pías en su columna “He estado pensando…” (edición 109), no necesita pruebas documentales. Porque más allá de su veracidad literal, encierra una verdad esencial: el retorno no se improvisa; es un proceso. Un proceso silencioso, íntimo, pero imparable, donde algo dentro de nosotros se despierta y empieza a exigir coherencia entre lo que sentimos y lo que vivimos.

Y es aquí donde la anécdota se transforma en metáfora de un país entero. Porque, como bien apunta Reyes Pías, el pueblo cubano también quiere volver: volver a la libertad, a la justicia, al respeto, al diálogo, al sentido de comunidad. Volver a creer en sí mismo. Pero la gran pregunta no es si lo quiere, sino si está haciendo el proceso necesario para lograrlo.

¿Queremos cambiar, pero estamos caminando hacia ese cambio?

La columna del sacerdote no ofrece respuestas fáciles ni consignas triunfalistas. Más bien interpela: ¿estamos rompiendo, poco a poco, nuestras propias barreras internas? ¿Estamos revisando nuestros silencios, nuestros miedos, nuestras comodidades? ¿Nos estamos entrenando para vivir en la Cuba que soñamos, o solo esperamos que caiga del cielo?

Hacer proceso, dice Reyes Pías, es atreverse a decir la verdad, incluso cuando incomoda. Es respetar al otro aunque no piense igual. Es aprender a decir “no” sin miedo. Es solidarizarse con el oprimido, porque callar es convertirse en cómplice del mal. Y sobre todo, hacer proceso es empezar a vivir como ciudadanos libres aunque todavía vivamos bajo una dictadura.

La dictadura no caerá sin nosotros

El texto cierra con una paráfrasis del pensamiento de San Agustín: “El Dios que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. En clave cubana, el sacerdote sentencia: “La dictadura cubana, que se hizo sin ti, no cambiará sin ti”.

La frase condensa una verdad incómoda y luminosa a la vez: la libertad no llegará como un decreto mágico. No basta con esperar. Hay que caminar hacia ella. Porque el cambio no es solo político. Es, sobre todo, moral y espiritual.

Así como aquella mujer de Camagüey necesitó décadas para cruzar el umbral de la iglesia, el pueblo cubano necesita un proceso personal y colectivo para cruzar el umbral de su historia. El Cristo del relato tenía los brazos abiertos. ¿Y nosotros? ¿Estamos listos para entrar?

Alberto Reyes Pías, sacerdote camagüeyano, ha construido desde su columna “He estado pensando…” un espacio de reflexión profunda sobre la Cuba de hoy. Sus textos no son sermones, sino llamados serenos pero firmes a la conciencia de un pueblo que, pese al dolor, aún sueña con una tierra más justa y libre.

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