
USAID financió al régimen cubano mediante el pago por médicos esclavos en “misiones internacionales”
La periodista Annarella Grimal utilizó su cuenta de X para exponer un caso que combina diplomacia, explotación y contradicciones éticas: el papel de las brigadas médicas cubanas en misiones internacionales financiadas por organismos como USAID. En su publicación, Grimal compartió una imagen de 2022 en la que médicos cubanos posan frente al Hospital Jules Fleury, en Nippes, Haití, financiado por USAID. Lo que llama la atención es que los profesionales de la salud, enviados por el régimen cubano, aparecen vistiendo camisetas con la imagen de Ernesto “Che” Guevara, un símbolo del sistema que los envía a trabajar en condiciones catalogadas por muchos como “esclavitud moderna”.
USAID y su relación con el régimen cubano: una preocupación reiterada
Aunque el caso del hospital en Haití ha vuelto a traer este tema a la palestra, medios independientes como CiberCuba ya habían alertado en 2014 sobre la participación de USAID en proyectos que implicaban a médicos cubanos. Según un artículo publicado ese año, médicos cubanos trabajaban en un centro de tratamiento en Liberia construido con colaboración de USAID durante la crisis del ébola en África Occidental. Estos proyectos, aunque presentados como iniciativas de ayuda internacional, fueron criticados por financiar indirectamente al régimen cubano, que controla los salarios y condiciones de trabajo de sus brigadas médicas.
En ese informe, se señalaba que los médicos cubanos desempeñaban un papel fundamental en los hospitales financiados por la comunidad internacional, pero los fondos destinados al personal médico no llegaban directamente a ellos, sino al gobierno cubano, que retiene entre el 75 % y el 90 % de los ingresos. Esto pone de manifiesto cómo los recursos de instituciones internacionales, incluidos los de USAID, terminan fortaleciendo un sistema de explotación laboral bajo el control de La Habana.
Un modelo de explotación y propaganda
Las misiones médicas cubanas han sido ampliamente criticadas por su carácter coercitivo. Los médicos que participan en estas misiones lo hacen bajo estrictos contratos que les limitan la movilidad y les imponen la renuncia a gran parte de sus ingresos. Además, enfrentan vigilancia constante por parte de agentes del régimen y graves represalias si intentan desertar, incluyendo la separación familiar y la prohibición de regresar a Cuba por años.
El uso de camisetas con la imagen del Che Guevara, como se observa en la imagen compartida por Grimal, ilustra cómo el régimen utiliza estas misiones no solo como fuente de ingresos, sino también como herramienta de propaganda ideológica. Esta combinación de explotación laboral y control ideológico contradice los principios de derechos humanos que organismos como USAID supuestamente defienden.
La falta de supervisión en el uso de fondos internacionales
El caso de Haití y los reportes de África Occidental exponen un problema recurrente: la falta de supervisión en el uso de fondos internacionales. Aunque USAID y otros organismos pueden argumentar que su intención es mejorar la salud pública en países en crisis, el desvío de recursos hacia regímenes que violan derechos humanos representa una grave contradicción ética.
La financiación de hospitales y centros de tratamiento donde trabajan médicos cubanos, sin garantizar que los fondos lleguen directamente a los trabajadores, perpetúa un sistema de explotación. Esto no solo pone en riesgo a los médicos, sino que también genera dudas sobre la eficacia y ética de los proyectos financiados por organismos internacionales.
¿Solidaridad o complicidad?
Mientras el régimen cubano sigue promoviendo sus misiones médicas como un acto de solidaridad, las denuncias sobre explotación laboral y control ideológico continúan creciendo. Este caso plantea preguntas fundamentales sobre cómo garantizar la ayuda a quienes lo necesitan sin fortalecer sistemas que violan derechos humanos.
La publicación de Annarella Grimal y las advertencias previas de medios como CiberCuba subrayan la necesidad de una mayor transparencia en el uso de los recursos internacionales. No se puede permitir que proyectos de ayuda internacional sean utilizados para perpetuar sistemas de explotación bajo el disfraz de la solidaridad.







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