
¿Guantánamo o Cuba? El verdadero campo de concentración está bajo el régimen de Díaz-Canel
La reciente decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de trasladar hasta 30.000 migrantes irregulares a la base naval de Guantánamo ha generado un intenso debate. La reacción del régimen cubano no se hizo esperar. Miguel Díaz-Canel calificó la medida como un “acto de brutalidad”, afirmando que Estados Unidos planea encarcelar en un “territorio ilegalmente ocupado” a miles de migrantes expulsados, junto a las “conocidas cárceles de tortura y detención ilegal”.
Pero más allá de la retórica del régimen, surge una pregunta incómoda: ¿qué es Cuba entera si no un gigantesco campo de concentración donde la población sobrevive en condiciones infrahumanas, sin derechos y bajo el control absoluto del Estado?
Cuba: un campo de concentración moderno
Históricamente, un campo de concentración se define como un lugar donde se confina a un grupo de personas sin debido proceso, privándolas de su libertad y sometiéndolas a condiciones extremas de vida. En el caso de Cuba, si bien no hay alambradas visibles ni torres de vigilancia en cada esquina, el control estatal sobre la vida de los cubanos es total.
1. Privación de alimentos y recursos básicos
La escasez crónica de alimentos y medicinas en Cuba no es un accidente, sino una herramienta de control. El régimen regula la distribución de víveres a través de la libreta de racionamiento, que apenas garantiza la subsistencia. En los últimos meses, la situación se ha agravado al punto de que los cubanos han recurrido a hervir caña de azúcar para endulzar el café o consumir harina de yuca ante la ausencia de pan. Mientras tanto, la cúpula gobernante vive con privilegios y acceso a bienes que el pueblo jamás podrá alcanzar.
2. La represión como método de control
Quien intente escapar de este “campo de concentración” moderno se enfrenta a brutales represalias. El régimen cubano no solo persigue a los opositores políticos, sino que castiga a cualquier ciudadano que critique la miseria en la que vive. Miles de presos políticos languidecen en cárceles infestadas de enfermedades y violencia. No son terroristas ni criminales, sino jóvenes, periodistas, activistas y hasta madres de familia cuyo único “delito” ha sido alzar la voz contra el régimen.
¿Hipocresía o cinismo del régimen?
La indignación de Díaz-Canel ante la política migratoria de Trump resulta, en el mejor de los casos, hipócrita. Si el mandatario cubano realmente se preocupa por la dignidad humana, ¿por qué mantiene a su pueblo en un estado de represión y escasez permanente? ¿Por qué condena a Estados Unidos por Guantánamo mientras él mismo convierte a toda Cuba en una prisión de miseria y desesperanza?
Es cierto que la base naval de Guantánamo ha sido objeto de denuncias por violaciones de derechos humanos en el pasado, pero los migrantes que sean llevados allí aún tendrán más oportunidades de recibir ayuda internacional, acceder a un proceso legal y, eventualmente, ser reubicados en terceros países. Los cubanos dentro de la isla no tienen ninguna de estas opciones.
Díaz-Canel quiere hacer creer al mundo que Guantánamo es el epicentro de la opresión, pero la verdadera cárcel está en el resto del territorio cubano, donde más de 11 millones de personas viven atrapadas, sin comida, sin medicinas y sin libertad.
Si se quiere hablar de campos de concentración en el siglo XXI, el primero en la lista debería ser el régimen de Cuba.







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