Biden retira a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo: ¿Un gesto de buena fe o un error estratégico?

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, ha anunciado su decisión de retirar a Cuba de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, una medida que ha generado controversia tanto en Estados Unidos como en la comunidad cubana. La decisión, según se informó, forma parte de un acuerdo facilitado por la Iglesia Católica que condiciona este paso a la liberación de prisioneros políticos por parte del régimen cubano. Sin embargo, la pregunta clave persiste: ¿cumplirá el régimen con esta promesa?

Un acuerdo lleno de incertidumbre

Según la administración Biden, el régimen cubano se ha comprometido a liberar a “muchas docenas” de prisioneros políticos antes del 20 de enero, fecha en que Biden dejará el cargo. Sin embargo, con más de mil presos políticos en la isla, incluidos los encarcelados tras las protestas del 11J, surge la duda de si el régimen cumplirá con lo acordado o utilizará esta medida como una simple táctica para obtener alivio económico y político.

El acuerdo también incluye el alivio de ciertas sanciones económicas y la modificación de políticas restrictivas establecidas por el expresidente Donald Trump en 2017. Aunque esto podría ofrecer algún respiro financiero al pueblo cubano, activistas advierten que estos beneficios rara vez llegan a los ciudadanos comunes y suelen ser absorbidos por el régimen.

Divisiones entre los defensores de los derechos humanos

La decisión de Biden ha generado reacciones encontradas entre grupos pro derechos humanos. Organizaciones internacionales han señalado que la inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo ha dificultado el acceso a recursos internacionales y ha agravado las penurias económicas de los cubanos. Estos grupos consideran que la medida de Biden podría ser un paso para fomentar el diálogo y aliviar el sufrimiento del pueblo.

Sin embargo, otros activistas cubanos y organizaciones en el exilio critican esta postura, argumentando que el régimen no ha mostrado ninguna voluntad de mejorar su historial de derechos humanos ni de liberar a los presos políticos. Señalan que medidas como esta históricamente han servido para fortalecer a la dictadura y prolongar su control represivo sobre la isla.

Críticas desde Estados Unidos

En el ámbito político estadounidense, la decisión ha desatado fuertes críticas, principalmente entre los legisladores republicanos. El senador Ted Cruz calificó la medida como “una concesión inaceptable a un régimen que sigue siendo una amenaza para la estabilidad regional”. Carlos Giménez, representante por Florida, prometió que la administración de Donald Trump, que asumirá el poder en pocos días, revertirá esta decisión y adoptará políticas más duras hacia el régimen.

Además, la designación de Marco Rubio como secretario de Estado en la próxima administración refuerza la posibilidad de que esta decisión sea revertida, lo que añade incertidumbre al futuro de las relaciones bilaterales.

¿Un alivio para el pueblo o para el régimen?

La eliminación de la etiqueta de Estado patrocinador del terrorismo podría facilitar las transacciones financieras internacionales y aliviar algunas sanciones, pero muchos se preguntan si este beneficio realmente llegará al pueblo cubano, que enfrenta una crisis económica devastadora. ¿Liberará el régimen a los más de mil prisioneros políticos que mantienen tras las rejas, o este acuerdo será una nueva herramienta de manipulación para ganar tiempo y recursos?

¿Un paso hacia el diálogo o una concesión sin garantías?

Mientras el régimen celebra esta decisión como una victoria política, los cubanos de a pie siguen luchando por su libertad en medio de una profunda crisis.

La pregunta clave persiste: ¿será este un primer paso hacia el cambio real, o una concesión que refuerza a quienes oprimen al pueblo cubano? El tiempo lo dirá, pero la historia nos obliga a mantenernos alertas. La libertad de Cuba no se compra, se conquista.

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