El periodista independiente José Gabriel Barrenechea Chávez, detenido arbitrariamente el pasado 8 de noviembre en el contexto de las protestas en Encrucijada, Villa Clara, cumple hoy ocho días en huelga de hambre. Según información confirmada, Barrenechea inició una protesta de inanición desde el momento de su detención, denunciando así las condiciones injustas de su arresto y el trato represivo que enfrenta.

Barrenechea, quien se encuentra recluido en un centro de instrucción en Santa Clara, no ha tenido contacto con su familia desde su aprehensión, lo que ha generado gran preocupación por su estado de salud. Su decisión de declararse en huelga de hambre pone en evidencia la gravedad de su situación y su rechazo a la persecución constante que ha enfrentado como periodista crítico del régimen cubano.

El escritor y colaborador de medios como Árbol Invertido, 14ymedio y Latinoamérica 21 ha sido objeto de censura, hostigamiento y restricciones por parte de la Seguridad del Estado desde hace años. Además de estar regulado desde 2019, lo que le impide salir del país, Barrenechea no puede ejercer legalmente ninguna actividad laboral, y sus libros han sido prohibidos en Cuba.

La huelga de hambre de Barrenechea se suma a una creciente lista de manifestaciones de protesta de presos políticos en Cuba, quienes utilizan este método extremo como una de las pocas herramientas para visibilizar las condiciones de represión y abusos que enfrentan. Activistas y organizaciones como Cubalex han expresado su alarma por la falta de información sobre su estado físico, especialmente considerando los riesgos que implica una huelga de hambre prolongada.

En el contexto de las recientes manifestaciones en Encrucijada, ya se han confirmado al menos nueve detenciones arbitrarias, en medio de un ambiente de represión generalizada. El caso de José Gabriel Barrenechea resalta nuevamente las graves violaciones a los derechos humanos en la isla y la urgencia de apoyo internacional para proteger a los periodistas e intelectuales independientes.

Mientras se espera más información sobre su estado, organizaciones de derechos humanos y colegas periodistas exigen su liberación inmediata y responsabilizan al régimen cubano de cualquier deterioro en su salud. La protesta silenciosa de Barrenechea se convierte en un llamado de atención para la comunidad internacional sobre el precio que pagan quienes, como él, desafían el autoritarismo con sus palabras.

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