En la comunidad de San Antonio del Sur, ubicada en la provincia de Guantánamo, la devastación es evidente tras el paso del huracán Oscar. Las lluvias torrenciales y los vientos huracanados han dejado un rastro de destrucción en su estela, inundando numerosas viviendas y forzando a decenas de familias a refugiarse al aire libre, sin ningún tipo de resguardo, a la intemperie.
A medida que se van conociendo las historias de los habitantes, se destaca una constante: la falta de preparación y la negligencia del régimen, que dejó a estas personas en una situación de absoluta indefensión. Sin acceso a información debido a la falta de electricidad que llevan padeciendo durante días, los pobladores de San Antonio del Sur no sabían que se avecinaba un huracán de tal magnitud. En un lugar donde las infraestructuras son precarias y la comunicación está constantemente interrumpida, la ausencia de medidas preventivas ha llevado a la población a una crisis que parecía evitable.
Las imágenes recientes muestran las condiciones deplorables de muchas viviendas. Techos de zinc destrozados, paredes agrietadas y espacios llenos de barro evidencian el embate del huracán. Mientras tanto, los habitantes intentan reparar, con los pocos recursos disponibles, lo que pueden, sin ninguna ayuda estatal a la vista. La comunidad se enfrenta a una doble tragedia: por un lado, la destrucción que ha dejado el fenómeno natural y, por otro, la negligencia y abandono por parte de un régimen que ha preferido ignorar sus necesidades.





A pesar de la gravedad de la situación, ninguna autoridad se ha hecho presente para ofrecer ayuda o información sobre posibles planes de emergencia. Las familias afectadas siguen esperando comida, agua potable y electricidad, todos los recursos básicos que, hasta el momento, les han sido negados. Esta falta de atención ha obligado a los habitantes a improvisar, con muchas familias durmiendo en el suelo o resguardándose bajo techos inestables.
Las críticas hacia las autoridades no se han hecho esperar, ya que los residentes aseguran que no recibieron ningún aviso previo debido a los cortes de electricidad que han sufrido por días, dejándolos completamente a oscuras respecto a la llegada de Oscar. “No nos avisaron, no supimos qué hacer cuando comenzó la tormenta. Solo quedaba rezar y proteger a nuestros hijos lo mejor que pudiéramos”, relató una madre de tres niños mientras intentaba rescatar lo poco que quedó de su hogar.
Sin alimentos ni agua potable, y sin electricidad para mantener las pocas provisiones que podrían tener, la situación se torna desesperante para los pobladores de San Antonio del Sur. La comunidad espera algún tipo de respuesta, mientras los días pasan y las condiciones empeoran.
Hasta el momento, la única luz en medio de la crisis proviene de la solidaridad entre vecinos, quienes intentan apoyarse compartiendo lo poco que tienen. Sin embargo, esta solidaridad no es suficiente para enfrentar una catástrofe que requiere una intervención urgente y organizada.
El huracán Oscar no solo ha dejado daños materiales en San Antonio del Sur, sino que ha revelado una vez más la vulnerabilidad de las comunidades ante la ineficiencia y el desinterés del régimen. Los habitantes, desprotegidos e indefensos, continúan esperando una ayuda que, al parecer, nunca llegará.







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