La noche del jueves, el Primer Ministro designado de Cuba, Manuel Marrero Cruz, se dirigió al país en una comparecencia televisada, donde intentó abordar la grave crisis energética que afecta a la isla. Durante su intervención, Marrero detalló las tres principales causas que, según el régimen, están detrás de la escasez de electricidad: la falta de combustible, el deterioro de la infraestructura y el aumento de la demanda. Sin embargo, más allá de la explicación, las soluciones ofrecidas parecen ser poco más que paliativos temporales en un escenario cada vez más insostenible.
“La falta de combustible es el factor que más incide en el déficit energético”, subrayó Marrero, reconociendo que el suministro de petróleo, clave para la generación de electricidad, ha sido insuficiente. A esto se suma el pésimo estado de las termoeléctricas y la infraestructura energética en general, lo que agrava la crisis. No obstante, lo que ha encendido las alarmas entre la población es el drástico plan de acción anunciado, que incluye la priorización del consumo residencial por encima del sector productivo y un esquema de apagones casi total.
Tres horas de electricidad al día para los hogares
A pesar de que Marrero afirmó que se está priorizando el suministro de energía a los hogares, la realidad es que muchos cubanos solo reciben tres horas diarias de electricidad. Esto significa que, aunque se desconecten centros de trabajo no esenciales y se limite el consumo en el sector estatal, la cantidad de energía redistribuida a las viviendas sigue siendo insuficiente para cubrir las necesidades básicas.
El Primer Ministro aseguró que “hemos estado paralizando actividades económicas para garantizar la generación energética a la población”, pero estas medidas, en lugar de aliviar la situación, han generado incertidumbre sobre el futuro de la ya debilitada economía cubana. La desconexión de centros de trabajo prescindibles, el fomento del teletrabajo y las acciones para controlar a los grandes consumidores no logran esconder el hecho de que el país no tiene capacidad suficiente para abastecer a su población.
La promesa de recuperación: más de lo mismo
En su comparecencia, Marrero también mencionó que el Buró Político aprobó un plan para la recuperación progresiva de las termoeléctricas y otros emplazamientos energéticos. Sin embargo, para muchos cubanos, estas palabras no son más que promesas recicladas. La falta de inversiones a largo plazo y la dependencia del petróleo extranjero han dejado al país sin alternativas viables para resolver la crisis energética en el corto plazo.
El Primer Ministro también hizo énfasis en que se implementarán medidas a nivel territorial para proteger el consumo de los hogares, pero estas medidas, en un contexto de solo tres horas de electricidad diarias, parecen insuficientes para la vida cotidiana. Los cubanos enfrentan la imposibilidad de refrigerar alimentos, cargar dispositivos esenciales o realizar tareas básicas en sus hogares.
Una economía paralizada
El impacto de estas decisiones es devastador no solo para las familias, sino también para la ya deteriorada economía del país. Al paralizar la actividad económica en muchos sectores, Cuba se enfrenta a la paradoja de tener que elegir entre la supervivencia de sus empresas o la de su población. Sin electricidad, la producción industrial se detiene, las pequeñas y medianas empresas luchan por sobrevivir, y la generación de ingresos se reduce drásticamente.
Mientras tanto, los cubanos se preparan para enfrentarse a más apagones y escasez en todos los aspectos de su vida diaria, con pocas esperanzas de una solución real a corto plazo. En un país donde la crisis energética es profunda y crónica, las medidas anunciadas por Marrero ofrecen un respiro mínimo, dejando a la población con la sensación de que las promesas no bastan para iluminar un futuro cada vez más oscuro.







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