Baracoa, la ciudad más antigua de Cuba, enfrenta una situación insostenible debido a la escasez de productos básicos, y entre ellos, el azúcar se ha convertido en un lujo inalcanzable para sus residentes. Desde hace meses, la población no puede acceder al azúcar que, en teoría, debería venderse en las bodegas como parte de la canasta básica. Esta escasez ha llevado a que muchos baracoenses recurran a soluciones ingeniosas para cubrir sus necesidades más inmediatas: hacer guarapo y hervirlo para endulzar el café y los escasos alimentos que pueden obtener.
La libra de azúcar en Guantánamo, la ciudad más cercana a Baracoa, se cotiza a 500 pesos cubanos. Pero el problema no acaba allí: el costo del transporte ida y vuelta desde Baracoa hasta Guantánamo asciende a 2000 pesos cubanos, una cifra exorbitante considerando los bajos salarios en la región. Para muchos, ese gasto simplemente no es viable, lo que les obliga a adaptarse con lo poco que tienen.
Este panorama de precariedad no se limita al azúcar. Los campesinos y habitantes de Baracoa también deben lidiar con la ausencia de otros productos básicos en sus mesas: arroz, aceite, carne, pescado, y hasta el pan, han desaparecido o se venden a precios inaccesibles para la mayoría. Esta situación es reflejo de una crisis que afecta a todo el país, pero en Baracoa, por su aislamiento geográfico, se agrava considerablemente.
El día a día de los baracoenses se ha convertido en una lucha constante por sobrevivir. Los productos que antes eran parte de la vida cotidiana ahora son un lujo. Los mercados desabastecidos y los altos costos del transporte limitan aún más las opciones para quienes ya están atrapados en una realidad de escasez y desesperación. A pesar de las dificultades, los pobladores siguen ingeniándose maneras de subsistir, como lo han hecho con el guarapo, en un intento de mantener un vestigio de normalidad en medio del colapso económico que azota a la isla.
La situación en Baracoa no solo refleja la falta de recursos, sino el agotamiento de una población que ve cada día más lejos la posibilidad de una mejora real en sus condiciones de vida. Las soluciones improvisadas y el espíritu de resistencia son un reflejo de la lucha diaria de los cubanos, pero también un llamado urgente de atención para que se tomen medidas que pongan fin a esta crisis humanitaria.







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