El pasado 9 de octubre, Luis Ernesto Martínez González compartió una impactante denuncia en su cuenta de Facebook sobre el deterioro alarmante de la entrada del Instituto Superior Pedagógico Juan Marinello, que otrora fuera la Universidad de Ciencias Pedagógicas Juan Marinello Vidaurreta en Matanzas. Las imágenes compartidas muestran el lamentable estado de lo que alguna vez fue un espacio formativo de prestigio, actualmente en franco proceso de destrucción.
El autor de la publicación señala que esta situación es el resultado de una decisión exclusiva de la rectora de la Universidad, lo cual ha llevado al cierre del centro. La falta de mantenimiento y la destrucción causada por la tala de árboles en agosto han dejado cicatrices visibles en el edificio. Los troncos de los árboles, cortados sin el debido cuidado, fueron quemados posteriormente, en lo que Martínez describe como una metáfora de la muerte del propio instituto.





Además, los escombros resultantes de esta tala, incluyendo barandas y escaleras, han quedado esparcidos sin que las autoridades competentes hayan ordenado su recogida, lo que contribuye al estado de abandono que hoy reina en la institución. La crítica de Martínez va más allá de lo físico, señalando lo que considera una falta de integridad por parte de la Universidad de Matanzas, que recientemente fue evaluada como de “Excelencia” en un proceso que, según él, no reflejó la realidad del campus Juan Marinello.
“Tras las rejas deberían estar por contrarrevolucionarias, atentado a la propiedad pública, maltrato a la propiedad social, fraude y no sé cuántas cosas más”, señala Martínez en su post, condenando la irresponsabilidad de quienes permitieron este estado de desidia. Su denuncia, claramente cargada de frustración, pide una reacción de aquellos que se formaron en el pedagógico y de quienes trabajaron allí, exigiendo que no permanezcan insensibles ante esta situación.
Las imágenes son devastadoras. Se pueden ver estructuras derrumbadas, escaleras destruidas y barandas rotas, todo rodeado de escombros y desechos, en lo que alguna vez fue una entrada majestuosa. Los restos de los árboles calcinados permanecen como testigos mudos de la indiferencia institucional.
Este caso es un ejemplo doloroso del abandono de la educación superior en Cuba, donde los recortes presupuestarios y la falta de planificación a largo plazo están destruyendo centros de formación que alguna vez fueron esenciales para el desarrollo del país.
Martínez concluye su publicación invitando a los cubanos a compartir su denuncia, haciéndose responsable de sus palabras y apelando a la conciencia colectiva para que no permitan que “lo que nos espera” sea peor que lo que ya se está viviendo.







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