En un emotivo mensaje publicado en Facebook, Sandy Morejón Sáez, un joven cubano, comparte la dura realidad que enfrenta día a día al cuidar de su madre gravemente enferma, quien padece de osteoporosis y está postrada en cama, incapaz de moverse por sí misma. Las imágenes publicadas muestran a Sandy al lado de su madre, en condiciones que reflejan la precariedad que viven muchos cubanos.

Sandy comienza su publicación con una aclaración tajante: “Lo primero que quiero aclarar es que esto no tiene nada que ver con política para que quede bien claro”. Esta frase resuena como un intento de separar su situación de las tensiones políticas que enfrentan quienes deciden alzar la voz en Cuba. Es una expresión clara de que su propósito es únicamente buscar ayuda para su madre, evitando posibles malinterpretaciones o represalias. Sin embargo, esta declaración es mucho más profunda de lo que parece a simple vista.

En un país como Cuba, donde las líneas entre lo personal y lo político están borrosas, la frase de Sandy refleja la necesidad constante de los ciudadanos de protegerse a sí mismos al expresar sus necesidades. La pobreza, la escasez y las dificultades para obtener recursos básicos pueden fácilmente ser vistas como una crítica al sistema, aunque no se mencionen directamente. Al aclarar que su mensaje no tiene connotaciones políticas, Sandy está tratando de desactivar cualquier posible malentendido que pueda perjudicarlo a él o a su madre. En una sociedad donde cualquier comentario crítico o quejas sobre la realidad cotidiana pueden ser interpretados como una postura política, Sandy busca dejar en claro que su intención no es otra que el bienestar de su madre.

Esta autocensura implícita, que lleva a un ciudadano a aclarar algo tan básico como que su lucha por la salud de su madre no tiene que ver con la política, revela el control que el contexto político tiene sobre la vida diaria en Cuba. En otros países, la denuncia de carencias o la solicitud de ayuda sería simplemente vista como un llamado humanitario, pero en Cuba, el miedo a represalias o a ser catalogado como enemigo del sistema obliga a las personas a medir cada palabra. Sandy, al intentar despolitizar su mensaje, muestra una realidad angustiante: el temor a ser malinterpretado. En lugar de un grito político, su mensaje es un grito de auxilio por la dignidad de su madre, lo que nos lleva a cuestionar cómo lo más esencial puede estar tan condicionado por el entorno.

En su mensaje, Sandy relata la dificultad de su día a día: “Cada día tengo que echarle fresco con un trozo de cartón cuando quitan la corriente”. Este testimonio revela el impacto devastador que los cortes de electricidad tienen en la vida de los más vulnerables. Su madre, con una enfermedad debilitante, depende del mínimo confort para sobrellevar sus días, y la ausencia de ventilación adecuada en un clima cálido agrava aún más su situación.

Sandy también hace un llamado desesperado a la solidaridad: “Por favor les pido a todos que me ayuden para poder comprarle un ventilador de baterías”. Con lo poco que gana, menciona, apenas le alcanza para la comida, sumado a los costos de los medicamentos para aliviar los dolores de su madre. Esta súplica revela la realidad económica de muchas familias cubanas, que viven al límite de la pobreza, sin acceso a recursos básicos como equipos médicos o de confort que, en otras partes del mundo, serían considerados esenciales.

Aunque confiesa sentirse avergonzado por pedir ayuda, su amor por su madre es más fuerte: “Por mi madre yo hago lo que tenga que hacer”, escribe, dejando en claro que está dispuesto a sobreponerse a cualquier obstáculo para mejorar la calidad de vida de quien le dio la suya.

La publicación concluye con un llamado a la acción, solicitando a los usuarios que compartan su situación con la esperanza de que, a través de la difusión, alguien pueda tenderle una mano: “Toda ayuda será una bendición… quizás así podré ayudar a mi madre”.

Este testimonio es un recordatorio de las múltiples dificultades que enfrentan los cubanos en su vida diaria. En este caso, no se trata de un grito político, sino de un clamor humanitario, donde un hijo desesperado busca lo mínimo para aliviar el sufrimiento de su madre. En un contexto de escasez generalizada, el simple gesto de poder comprar un ventilador se convierte en un símbolo de dignidad y compasión.

A través de esta historia, se hace evidente una paradoja dolorosa: la separación entre lo humanitario y lo político no debería existir cuando se trata del bienestar de una persona. Sin embargo, la realidad cubana obliga a sus ciudadanos a caminar por una delgada línea, donde incluso el más simple pedido de ayuda debe estar cuidadosamente enmarcado para evitar connotaciones indeseadas. Sandy, con su frase “esto no tiene nada que ver con política”, busca protección en un entorno donde todo puede ser politizado, demostrando cómo el control del discurso y el miedo a ser malinterpretado están profundamente arraigados en la vida cotidiana de muchos cubanos.

Sandy deja los datos de su tarjeta de débito BANDEC en las imágenes, esperando que algún buen samaritano pueda contribuir a su causa. Cada acción, por pequeña que sea, puede marcar la diferencia en la vida de esta familia que lucha con valentía contra las adversidades que impone el contexto cubano.

Que este mensaje sirva como puente de solidaridad y apoyo para aquellos que lo necesitan. Usted decide si ayudar o no.

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