En el poblado de Potrerillo, perteneciente al municipio de Cruces, en la provincia de Cienfuegos, Cuba, se vive una situación que refleja la triste realidad de muchos ancianos en la isla: Leonardo Pérez Valdez, un hombre mayor, sufre de isquemias y apenas puede caminar. Las imágenes que han salido a la luz muestran la cruda realidad de su día a día: un colchón desgastado sobre el suelo, cubierto por ramas y una lona improvisada para protegerse de los elementos, rodeado por la naturaleza que parece ser su único refugio.
Leonardo Pérez Valdez no sólo enfrenta los desafíos propios de su avanzada edad y problemas de salud, sino que también se enfrenta a la indiferencia de las autoridades locales. Las imágenes muestran a un anciano frágil, envuelto en mantas, con un semblante que refleja agotamiento y resignación. Vive al aire libre, sin acceso a servicios básicos, y sufre las inclemencias del clima. Esta situación no es un caso aislado; representa un problema más amplio de desatención hacia los más vulnerables en la sociedad cubana.


El caso de Leonardo expone las falencias de un sistema de bienestar social que, en teoría, promete cuidar a todos sus ciudadanos, pero en la práctica, deja a muchos a su suerte. En Potrerillo, donde la comunidad debería ser la primera línea de apoyo, el abandono de Leonardo revela una falta de recursos y, posiblemente, de voluntad política para abordar situaciones de extrema necesidad.
Los vecinos han expresado su preocupación, pero sus esfuerzos no han logrado atraer la atención adecuada de las autoridades. La falta de apoyo institucional significa que Leonardo depende casi exclusivamente de la buena voluntad de aquellos que lo rodean para sobrevivir, lo cual es una carga significativa para una comunidad ya de por sí afectada por la escasez y la crisis económica.


Este artículo es un llamado a las autoridades locales y nacionales de Cuba para que tomen medidas inmediatas para asegurar el bienestar de Leonardo Pérez Valdez y otros en situaciones similares. La comunidad internacional y las organizaciones de derechos humanos también deben ser conscientes de estas realidades y presionar para que se implementen políticas que protejan a los ancianos y a los vulnerables.
El caso de Leonardo Pérez Valdez es un recordatorio doloroso de las promesas incumplidas y de la necesidad urgente de acción para garantizar que todos los ciudadanos puedan vivir con dignidad y cuidado en sus últimos años. Nadie debería vivir bajo las condiciones que enfrenta Leonardo, y es responsabilidad de todos trabajar por un cambio.







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