En un desesperado y valiente mensaje publicado en su cuenta de Facebook, el activista cubano Alberto Turis ha denunciado la creciente situación de drogas en su barrio, Jesús María, en La Habana Vieja. Según Turis, la venta de drogas es visible y común en su comunidad, especialmente en la intersección de las calles Gloria, Carmen y Rastro. A pesar de haber acudido a la policía para denunciar estas actividades ilícitas, afirma que las autoridades no han tomado medidas al respecto.
«Hoy muero como un héroe donde nací», escribió Turis en su publicación, señalando que la situación en su cuadra es peor que la del cartel de Medellín. Además, ha acusado a la unidad policial de Dragones y a altos funcionarios del régimen de estar en complicidad con los narcotraficantes locales, permitiendo que la venta de drogas se realice sin ningún tipo de intervención.
Turis detalló que en su barrio se venden distintas drogas, incluyendo la conocida como «kimiko», que se vende entre 100 y 150 CUP por dosis. Además, el gramo de heroína tiene un costo de 15,000 CUP, mientras que una piedra de crack se vende por alrededor de 2,000 CUP. «Mi barrio es un foco en esto», afirmó el activista, subrayando la magnitud del problema y el acceso fácil a estas sustancias.
El activista, conocido por su constante crítica al régimen cubano y su lucha por los derechos humanos, ha pedido a sus seguidores y a la comunidad internacional que compartan su mensaje. Según sus declaraciones, su vida está en peligro más que nunca, ya que ahora enfrenta no sólo la represión del régimen, sino también la amenaza de los narcotraficantes y delincuentes de su barrio.
«Ya no es una lucha solo contra el régimen», expresó Turis, subrayando que su batalla ahora también incluye a los narcos y delincuentes locales. Con un tono desafiante y lleno de desesperación, el activista concluyó su mensaje advirtiendo a los agentes de seguridad que lo vigilan: «Esto es para los agentes de la seguridad que me vigilan».
La denuncia de Turis pone de relieve la crisis de drogas en algunas zonas de La Habana y la aparente inacción de las autoridades para abordar el problema. Su llamado a la acción resuena como un grito de auxilio, en medio de un clima de represión y violencia que parece no tener fin.







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