Hoy, las calles de la Avenida España en La Habana se llenaron de una multitud festiva en lo que se ha anunciado como el cierre del verano en Cuba, una celebración presidida por el Ministro de Cultura de Cuba, Alpidio Alonso. La festividad, que tenía como temática central los ritos y costumbres de la religión Yoruba, se lleva a cabo en un ambiente que algunos residentes de la zona han calificado de “marginalidad”.

El evento, que abarca desde la calle Águila hasta Belascoaín, está marcado por la venta masiva de bebidas alcohólicas, con botellas de ron que se venden entre 600 y 2000 pesos cubanos, y latas de cerveza a 180 pesos cada una. Según los comentarios de algunos testigos y vecinos del lugar, la actividad carece de opciones de alimentación, centrándose exclusivamente en la disponibilidad de alcohol. Esta situación ha generado críticas por parte de los residentes, quienes sienten que estas festividades son meros espectáculos de “pan y circo”, pero “sin pan”.

Uno de los vecinos expresó su preocupación por el ambiente que se estaba creando: “Esto es puro pan y circo, pero sin pan. Solo hay alcohol por todas partes. Después, en la noche, se matan entre ellos porque para eso sí son valientes”, comentó, reflejando una sensación de desencanto y preocupación por la seguridad y el bienestar social de la comunidad.

Mientras tanto, en el interior de uno de los locales donde se realizaba la celebración, el Ministro Alpidio Alonso observaba el evento desde una posición privilegiada, rodeado de otros funcionarios y figuras de la zona. Alonso, conocido por su papel en la censura de artistas críticos al régimen cubano, fue visto participando en la ceremonia dedicada a los Yorubas, lo que para algunos fue un recordatorio de la diferencia de clases que persiste en la isla, donde la “realeza comunista”, como algunos han denominado, se mantiene al margen de las dificultades cotidianas que enfrentan los ciudadanos de a pie.

La percepción de estos eventos como un método de distracción masiva se vuelve aún más clara en un contexto donde las necesidades básicas, como la alimentación y la seguridad, siguen siendo una preocupación constante para la población cubana. A medida que la noche avanza, el eco de la música yoruba se irá mezclando con las voces de disconformidad, pintando un cuadro contrastante del estado actual de la vida cultural y social en Cuba.

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