Santiago de Cuba, una ciudad llena de historia y cultura, es también el escenario de una cruda realidad que rara vez se cuenta. Un video recientemente enviado a la redacción de ClickCuba expone una problemática que el régimen cubano prefiere silenciar: el trabajo infantil. En las imágenes, se observa a dos niños, un varón de aproximadamente 12 o 13 años y una niña de unos 9, recogiendo materia prima en las calles de Santiago de Cuba, específicamente en la calle Trocha, para venderla en establecimientos estatales.

Estos niños, como tantos otros, se ven obligados a trabajar debido a la precariedad económica en la que viven. Según la persona que envió el video bajo condición de anonimato, los pequeños recorren la ciudad recolectando latas y otros materiales reciclables para venderlos, una actividad que se ha convertido en una fuente de ingresos necesaria para muchas familias cubanas. «Le regalé 500 pesos para que se alimentara… es triste ver sus ojos cuando los filmé», comenta el autor del vídeo, quien describe el miedo palpable en los rostros de los niños.

El miedo no es injustificado. En Cuba, el trabajo infantil es ilegal, y los adultos que permiten o promueven esta actividad pueden ser sancionados. Los niños son conscientes de las posibles repercusiones para ellos y sus familias. «El niño estaba asustado porque me reconoció… saben lo que hacen, pero no tienen otra opción para comer», explica el testigo. «Apenas hablan por miedo de la policía o de las represalias que podrían tomar contra sus padres».

Este testimonio es un reflejo de la desesperación que vive gran parte de la población cubana, donde la escasez de alimentos y bienes básicos es una realidad cotidiana. El denunciante cuenta que «este mes solo llegaron 2 libras de arroz y 2 de azúcar… no hay más nada». Para muchas familias, el mercado negro y las mipymes se han convertido en las únicas alternativas para sobrevivir, pero no todos tienen los recursos para acceder a ellos.

El caso de estos niños en Santiago de Cuba pone en evidencia un sistema que, según el testigo, «los desmiente a todos, estos corruptos». Los pequeños no solo enfrentan la miseria y el hambre, sino también la presión de no ser descubiertos por las autoridades, quienes podrían castigar a sus padres por permitirles trabajar en la recolección de materias primas.

Es una realidad que desgarra y que, según la fuente anónima, muchos padres apoyan porque, aunque inhumano, es una forma de sobrevivir. «Estos niños saben los problemas que pueden causarles a sus padres… aunque muchos padres apoyan este acto inhumano porque reciben dinero cuando venden la materia prima para alimentarse».

Este testimonio nos recuerda que detrás de cada número, de cada estadística, hay historias humanas de lucha y desesperación. La situación de estos niños es un grito de auxilio que el mundo no puede ignorar. Santiago de Cuba, con su belleza y su historia, es también un lugar donde la infancia es robada por la necesidad, y donde los más vulnerables pagan el precio más alto por un sistema en crisis.

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