En un país asolado por la escasez y la desesperación, la celebración de la 14ª edición del Festival Internacional Varadero Gourmet del 13 al 15 de septiembre en Cuba se presenta como un espectáculo de ironía y desconexión con la realidad. Organizado por la empresa Extrahotelera Palmares, con el respaldo del Ministerio de Turismo y Cubasol, este evento de lujo contrasta violentamente con la situación crítica que atraviesa la isla, donde la mayoría de los ciudadanos lucha diariamente por conseguir los alimentos básicos.
Mientras en Plaza América se desarrollarán conferencias sobre la «evolución de la gastronomía cubana» y se exhibirán las habilidades culinarias más refinadas, las calles de Cuba cuentan una historia muy diferente. En los hogares cubanos, el aceite, el arroz y el pan, elementos esenciales de la dieta diaria, son cada vez más escasos. Las interminables colas y la incertidumbre sobre si se logrará conseguir algún alimento son parte de la rutina diaria para millones de cubanos.
Celebrar un festival gourmet en estas circunstancias es no solo insensible, sino profundamente ofensivo para la población que sufre las consecuencias de una crisis económica y alimentaria sin precedentes. Mientras los chefs internacionales y locales compiten por el título del «mejor plato principal» o el «mejor postre», muchos cubanos se enfrentan a la triste realidad de que esas exquisiteces son un lujo inalcanzable, una fantasía distante en su lucha diaria por la subsistencia.
La directora comercial de Palmares, Ariadna Viñas, explicó en la conferencia de prensa que el festival debatirá temas como la “evolución de la gastronomía cubana” y la “tradición renovada”. Sin embargo, resulta imposible ignorar el cinismo de estas palabras en un contexto donde la comida básica está fuera del alcance de muchos. ¿Qué evolución puede haber en una gastronomía que se enfrenta a la desaparición de ingredientes esenciales? Hablar de “alta cocina” y “cocina artística” en un país donde los mercados están vacíos y los precios se disparan es una burla descarada.
El evento también contará con la participación de representantes de varios países, incluidos Estados Unidos, España y Francia. La presencia de estos invitados internacionales solo subraya la brecha abismal entre el festival y la realidad del cubano común. Los turistas y participantes extranjeros disfrutarán de un festín cuidadosamente curado mientras los locales, relegados a las sombras de la opulencia, continúan lidiando con el hambre.
Es claro que este festival no está diseñado para los cubanos de a pie. Varadero Gourmet es un escaparate para una élite desconectada, para un sector turístico que se empeña en mostrar una Cuba vibrante y colorida, mientras oculta las grietas profundas que atraviesan el tejido social del país. Es una celebración para los pocos privilegiados que pueden permitirse ignorar la realidad y disfrutar de un banquete mientras la mayoría lucha por un plato de comida.
En lugar de celebrar la “evolución” de la gastronomía cubana en un lujoso resort de Varadero, las autoridades deberían centrarse en resolver la crisis alimentaria que afecta a millones de personas. El festival no solo es inapropiado, sino que también es una declaración de indiferencia ante el sufrimiento de la población.
Es hora de que las prioridades se alineen con las necesidades urgentes del pueblo cubano. En un momento en que la supervivencia es una lucha diaria, la ostentación de un festival gourmet es un insulto a la dignidad de una nación que merece algo mejor que espectáculos vacíos y promesas incumplidas.







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