En un país donde la represión y el control estatal son moneda corriente, la profesora Alina Bárbara López Hernández ha surgido como una figura emblemática de la resistencia pacífica. A través de su perfil de Facebook, Alina ha compartido un testimonio que resuena con valentía y determinación, delineando su lucha constante por una Cuba más justa y democrática.
Desde el 18 de marzo de 2023, Alina ha liderado una iniciativa que ha captado la atención nacional e internacional: cada 18 de cada mes, sale a un parque con un cartel en blanco. Su objetivo es claro: exigir una Asamblea Nacional Constituyente elegida democráticamente para redactar una nueva Constitución, libertad para los presos políticos sin exilio obligatorio, y el cese del hostigamiento a personas que ejercen su libertad de expresión. Estas demandas se han convertido en un símbolo de la lucha por los derechos humanos en Cuba.

Alina relata que su primera confrontación con la represión estatal ocurrió el 25 de octubre de 2022, antes de sus manifestaciones mensuales. Contrainteligencia la citó sin que ella hubiera hecho más que escribir análisis críticos sobre la realidad cubana. «Esa citación me mostró con claridad dos cosas: el nivel de escalada de la represión y, a la vez, la fragilidad de un aparato ideopolítico que tenía que actuar imprudentemente contra una intelectual de prestigio», comenta en su testimonio.
Esta experiencia la llevó a decidir que escribir no era suficiente. Inspirada por el centenario de la Protesta de los Trece, Alina optó por manifestarse públicamente. Desde entonces, ha sido reprimida de múltiples formas: detenciones, regulaciones, cargos judiciales y agresiones físicas, que han afectado tanto a ella como a su familia. Sin embargo, la profesora ha mantenido su postura firme, rechazando negociar su salida al extranjero y afirmando su amor y orgullo por la historia cubana.
La lucha de Alina no solo es personal, sino que refleja una conciencia histórica y un compromiso profundo con los valores democráticos. Ella destaca cómo los términos «revolucionarios», «patriotas» y «ciudadanos» han sido desvirtuados en el imaginario social desde 1959. Para ella, la protesta pacífica es un derecho y un motor esencial para la evolución de las sociedades.
A pesar de los riesgos, Alina planea continuar con su protesta pacífica en el parque donde se erige la estatua de Martí en La Habana. Sus demandas permanecen firmes: una Asamblea Nacional Constituyente democrática, atención a la crítica situación de los más vulnerables, libertad para los presos políticos y el cese del hostigamiento. Además, añade una nueva petición urgente: atención médica inmediata para el profesor Pedro Albert, gravemente enfermo en prisión.
Alina no busca seguidores ni pretende ser una heroína. Su objetivo es mostrar la importancia del compromiso individual para lograr transformaciones colectivas. «Basta de héroes, han sido costososísimos después», afirma, enfatizando que la dignidad y la esperanza en un futuro mejor para Cuba depende de la acción de cada individuo.
El testimonio de Alina Bárbara López Hernández no solo es un llamado a la acción, sino un recordatorio de que, incluso en los tiempos más oscuros, la resistencia pacífica puede ser un faro de esperanza y cambio.







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