La Revolución Castrista y el Silencio de la Iglesia en Cuba

La revolución castrista desmanteló las instituciones religiosas en Cuba en apenas dos años, reduciendo al silencio a la Iglesia, que quedó acorralada en la isla. Este fue el mismo tiempo que Fidel Castro necesitó para desdecirse de sus promesas democráticas tras llegar al poder en enero de 1959. En declaraciones a la prensa en La Habana el 13 de enero de 1959, Castro afirmaba: “No he sido nunca ni soy comunista. Si lo fuese, tendría valor suficiente para proclamarlo.» Sin embargo, el 2 de diciembre de 1961, se definió públicamente como “marxista-leninista”.

Los católicos cubanos, que inicialmente apoyaron la revolución, fueron perseguidos, encarcelados y, en muchos casos, asesinados por el régimen comunista de Castro. La renuncia del presidente Manuel Urrutia, el arresto del comandante Hubert Matos y otros eventos políticos en 1959 plantearon serias interrogantes sobre el destino del país. En noviembre de 1959, el Congreso Católico Nacional en La Habana atrajo a casi un millón de personas, siendo la última manifestación pública de los católicos hasta la visita del Papa Juan Pablo II en 1998.

El distanciamiento entre la revolución y los cristianos comenzó en 1960, con el avance de los comunistas en el gobierno y las Fuerzas Armadas. Monseñor Enrique Pérez Serantes, Arzobispo de Santiago de Cuba, advirtió en una carta pastoral sobre la creciente influencia comunista. Los obispos cubanos declararon el 7 de agosto de 1960: “La Iglesia está hoy y estará siempre a favor de los humildes, pero no está ni estará jamás con el comunismo”.

Intentos de una Iglesia Revolucionaria y la Represión de 1961

El régimen intentó crear una Iglesia Nacional al estilo de China, con el movimiento “Con la Cruz y con la Patria”, encabezado por Antonio Pruna y Lula Horstman. Sin embargo, el proyecto fracasó y el gobierno clausuró los espacios religiosos en los medios de comunicación. Fidel Castro pronunció un discurso en la Universidad de La Habana en 1960, criticando duramente a la jerarquía católica.

En 1961, el enfrentamiento entre la Iglesia y el régimen se intensificó. Durante la invasión de Bahía de Cochinos, el gobierno arrestó a numerosos católicos y clausuró todas las instalaciones de las organizaciones católicas. El Arzobispo de La Habana, Evelio Díaz, y otros líderes religiosos fueron detenidos. En Camagüey, sacerdotes y el obispo Carlos Riu fueron encerrados y vejados.

La Ley de Nacionalización de la Enseñanza de junio de 1961 confiscó más de 450 colegios religiosos. Cientos de sacerdotes y religiosas abandonaron el país. En septiembre de 1961, el gobierno prohibió la procesión de la Virgen de la Caridad del Cobre, resultando en enfrentamientos con la policía y la muerte de Armando Socorro, miembro de la Juventud Obrera Católica.

El Desmantelamiento de la Iglesia y la Resiliencia Espiritual

El régimen continuó su represión, internando a miembros de la Iglesia en campos de concentración de las UMAP. En 1965, la Oficina de Asuntos Religiosos del Partido Comunista de Cuba controlaba estrictamente las actividades religiosas, limitando el número de sacerdotes en el país.

En abril de 1966, el sacerdote Miguel Ángel Loredo fue incriminado y condenado a 15 años de prisión bajo falsas acusaciones. Sufrió torturas y trabajos forzados hasta su liberación en 1981. Durante la década de los 60, el gobierno suprimió celebraciones religiosas como la Semana Santa y la Navidad, y muchos cubanos dejaron de practicar su fe públicamente.

A pesar de la intensa represión, la Iglesia en Cuba continuó su misión bajo condiciones extremadamente difíciles. La alianza proclamada por el régimen con los cristianos latinoamericanos en apoyo a la subversión en la región no logró apagar la fe y resiliencia espiritual de muchos cubanos.

Conclusión

El comunismo en Cuba, bajo el liderazgo de Fidel Castro, emprendió una campaña implacable contra la religión, especialmente contra la Iglesia Católica. A través de persecuciones, arrestos y ejecuciones, el régimen intentó erradicar la influencia religiosa en la isla. Sin embargo, a pesar de las adversidades, la fe y la espiritualidad de muchos cubanos perduraron, manteniendo viva la esperanza y la resistencia contra la opresión comunista.

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